lunes, 21 de febrero de 2011

HISTORIA DE AVILÉS


Las primeras noticias de la presencia humana en el concejo datan de la Prehistoria. Por los pocos restos que nos han llegado —un hacha del Paleolítico Inferior y tres del Neolítico, estas últimas encontradas en La Rocica—, esta presencia fue más bien escasa.
Se desconoce, igualmente, si en el concejo existieron castros. Hay mucha vaguedad también sobre el origen de Avilés. Se supone que proviene de un asentamiento romano cuyo poseedor se llamaba Abilius.
Se han encontrado escasos y dispersos materiales de ese período: un capitel de mármol, de orden corintio, reutilizado como pila bautismal en la iglesia de San Nicolás de Bari, y monedas romanas en la ría, Sabugo, Llaranes y La Carriona.
Avilés es el primer núcleo de población del concejo del que se tienen noticias escritas. Aparece mencionado por primera vez en un discutido documento de Alfonso III, fechado en el año 905. En él, el rey y su mujer, Jimena, hacen donación a la Iglesia de Oviedo de las iglesias de San Juan Bautista y Santa María de Avilés.
Ya por entonces el puerto de Avilés era el principal acceso marítimo de la región. Para defenderlo de las incursiones de los piratas normandos, Alfonso III, a comienzos de su reinado, ordenó la construcción del castillo de Gauzón en la desembocadura de la ría.
Posteriormente, al parecer en el año 1092, Alfonso VI concedió a la villa el fuero de Sahagún, confirmado en 1155 por Alfonso VII. Avilés se convierte en señorío de realengo y a sus vecinos se les otorga, entre otros privilegios, el de no pagar impuestos de tránsito «desde la mar hasta León».
Estas concesiones reales reactivaron las actividades mercantiles del concejo, convirtiendo a Avilés en uno de los más importantes centros económicos de la región. La principal industria era la de la sal. Al principio se explotaron las salineras del litoral comprendido entre la desembocadura del río Nalón y la ría de Avilés, pero a medida que la demanda y los beneficios fueron creciendo se empezaron a importar de Francia (Bourgneuf y La Rochela), Portugal (Alcácer do Sal, Setúbal, Aveiro) y Andalucía (Puerto de Santa María). De Avilés la sal se distribuía por toda Asturias y León.
La importancia de este comercio fue tal que la Corona instaló en Avilés el alfolí —centro de almacenaje y redistribución de la sal— más importante de Asturias.
Otras actividades económicas relevantes fueron las importaciones de vino, de paños de La Rochela (Francia) y Flandes, o la actividad pesquera de altura. El auge de las peregrinaciones jacobeas influyeron también en el desarrollo de Avilés.
Desde el siglo XII la villa de Avilés se convirtió en el principal puerto de la región y en la segunda ciudad más importante de Asturias, después de Oviedo. Esta importancia se acrecienta aun más cuando Fernando IV, en 1309, concedió a Avilés por alfoz los territorios de Gozón, Carreño, Corvera, Illas y Castrillón.
El núcleo urbano de Avilés creció a la par que sus actividades mercantiles. A finales del siglo XIII contaba con unos 300 vecinos: 1.200 habitantes, aproximadamente. Una muralla, con cuatro puertas, cercaba el núcleo urbano, donde se encontraba el centro comercial y artesanal. El principal edificio era la iglesia de San Nicolás de Bari, patrono de mercaderes; se construyó a finales del siglo XII o principios del XIII.
Extramuros, en un promontorio al otro lado de un brazo de la ría, se alzaba el poblado de pescadores y marineros de Sabugo. Para atender a esta población se erigió el templo de Santo Tomás. Ambos emplazamientos se comunicaban mediante un puente.
En todo este período de la Edad Media, Avilés participó activamente en los asuntos regionales, formando hermandades con otros concejos para defender sus intereses, hacer frente común para luchar contra los frecuentes desórdenes o los deseos de dominio de los grandes señores feudales.
El fin del Medievo marca el comienzo del declive de Avilés. En 1478 un gran incendio afectó a buena parte de la villa. Para amortiguar el desastre, los Reyes Católicos, el 15 de enero de 1479, concedieron un mercado franco los lunes, que todavía continua celebrándose. Otro factor de decadencia se deriva del empeoramiento de la navegación por la ría debido a la proliferación de los arenales. Por último, el descubrimiento de América modificó las principales rutas comerciales, relegando a Avilés a un plano secundario. A pesar de ello el puerto aún mantuvo en el siglo XVI una situación privilegiada, concediéndosele, en 1528, autorización para el comercio americano.
En el aspecto nacional e internacional, cabría destacar las aportaciones del concejo de Avilés y su alfoz a las campañas militares de los Reyes Católicos y a la política imperial de Carlos V y Felipe II. En el descubrimiento y colonización de América esta participación fue la mayor de todos los concejos de la región. Esta presencia avilesina se dejó sentir con más fuerza en la segunda mitad del siglo XVI, cuando Felipe II encomendó a Pedro Menéndez de Avilés la conquista y colonización de La Florida. Cerca de dos centenares de avilesinos participaron en esta y otras empresas de Indias. Sobresalieron las familias de los Alas, los Menéndez, los Solís, los Miranda, etc.
En las dos centurias siguientes el concejo de Avilés pasó por diversos avatares: hambrunas diversas, un nuevo incendio en 1622 y terremotos en los años 1761-1762 y 1765.
En 1762 los ingleses conquistaron el castillo de San Juan de Nieva que protegía la entrada de la ría. En breve tiempo los avilesinos reaccionaron y lograron expulsarlos.
En lo económico, el puerto de Avilés siguió siendo el principal de la región. La industria artesanal experimentó una diversificación en la segunda mitad del siglo XVIII, creándose fábricas en Villalegre —martinete de cobre— y sobre todo en Miranda —fábricas de alfarería y loza, lienzos, etc.

En la guerra de la Independencia los habitantes del concejo opusieron resistencia a la invasión francesa. El hecho más destacado se produjo en los altos de Valliniello. Ese día, el 18 de mayo de 1809, los vecinos de la comarca, mal armados y peor organizados, se enfrentan a las tropas invasoras sufriendo un gran descalabro. Dos días después los franceses entran en la villa de Avilés. La ocupación de la zona duraría hasta junio de 1811.
Durante las turbulencias políticas del siglo XIX y principios del XX, los avilesinos se mantuvieron siempre del lado constitucional, lo que les acarreó duras represiones, sobre todo en la llamada Década Ominosa (1823-1833) del reinado de Fernando VII.
El siglo XIX y sobre todo el XX trajeron grandes cambios socioeconómicos y urbanísticos. La llegada del ferrocarril a la Villa (1890), la entrada en funcionamiento del muelle de la dársena de San Juan de Nieva y la repatriación de capitales indianos propician un desarrollo industrial sin precedentes del concejo y, sobre todo, de su capital.
Entre las industrias que se instalan en estos años de fin de la centuria decimonónica y comienzos del XX destacan la Azucarera de Villalegre (1898) y La Curtidora (1900).
Tras el paréntesis de la Guerra Civil, Avilés experimentará su definitiva industrialización. En 1950 se funda en las marismas de la ría la Empresa Nacional Siderúrgica, S.A. (ENSIDESA), encendiéndose su primer horno alto siete años después. En 1953 Cristalería Española S.A. se instala también a orillas de la ría avilesina. Le sigue, pocos años después, Asturiana de Zinc. En torno a estas grandes industrias de base se crearon un sinfín de medianas y pequeñas empresas auxiliares.
Las nuevas industrias y la numerosa mano de obra que ello conllevó —la mayor parte venida de fuera de la región— alteró profundamente la fisonomía de Avilés. La búsqueda de suelo urbanizable obligó, entre 1818 y 1820, al derribo de la mayor parte de la muralla medieval y a desecar las marismas que separaban la villa del barrio de Sabugo, construyéndose en el lugar una manzana de casas para la burguesía. Este pujante grupo social también acaparó la nueva calle de La Cámara, convirtiéndola en la principal arteria comercial de Avilés.
Los indianos, por su parte, edificaron numerosos viviendas, tanto en el casco antiguo como por los alrededores (Villalegre).
La instalación del complejo siderúrgico de Ensidesa y de otras grandes empresas en la década de los cincuenta trajo a la ciudad en poco tiempo una riada de inmigrantes. La falta de una previsión urbanística imposibilitó la absorción de tantos trabajadores, lo que determinó un crecimiento exterior y especulativo de Avilés. Pasados los primeros momentos de descontrol e incertidumbre, se empezaron a construir barrios de obreros. Las propias empresas o el Estado llevaron a cabo esta tarea. Ensidesa edificó, entre otros, los barrios de Llaranes y Trasona para los obreros, Las Estrellas (La Rocica) para los técnicos medios y una urbanización en el centro de Avilés (calle de González Abarca) para los ingenieros y directivos. Por su lado, Cristalería Española construyó los poblados de Jardín de Cantos y La Maruca para sus obreros y técnicos, respectivamente.
Gracias a la iniciativa estatal y privada surgen nuevos barrios, entre otros, Buenavista, La Carriona, Versalles y La Luz.
La crisis económica de los años setenta y ochenta propició el declive industrial de una comarca especializada en la industria pesada y sujeta a decisiones ajenas a ella.







domingo, 20 de febrero de 2011

HISTORIA DE GIJÓN


Los interesantísimos frutos de la investigación arqueológica sobre el pasado gijonés, desarrollada sistemáticamente a partir de 1982 bajo los auspicios de su Ayuntamiento y la experta dirección de José Luis Maya y Francisco Cuesta, permitieron concluir, tras rigurosos estudios, que el primer asentamiento conocido de Gijón estuvo en la Campa de Torres, península formada por el cabo del mismo nombre y situada en el extremo occidental del concejo, entre el puerto de El Musel al este y la ría de Aboño al oeste; allí se ubicaba el oppidum o castro de Noega —citado por historiadores antiguos como Estrabón, Pomponio Mela y Plinio—, la "ciudad o núcleo fortificado prerromano más importante de la costa de los astures" (Maya, Cuesta et alii), con origen en el siglo V a. de Cristo. Este castro estaría habitado por el grupo gentilicio de los cilúrnigos, una de las comunidades suprafamiliares de los astures. La economía prerromana de este castro descansaba sobre una abundante y variada cabaña ganadera y la metalurgia; la agricultura se limitaba a la producción de algunos cereales; mientras que la pesca con caña y la caza eran actividades complementarias; el intercambio comercial, por su parte, hizo posible la llegada de productos de origen mediterráneo o meridional.

 Con el siglo I a. de C. da comienzo la ocupación romana y con ella una temprana presencia del pueblo latino en el castro de la Campa de Torres, lo que tiene su reflejo, entre otras cosas, en la transformación del caserío y en la erección de un gran monumento oficial al emperador Augusto entre los años 9 y 10 d. de C. —las Aras Sestianas—, del que sólo se conoce una gran lápida, hoy en una colección particular.
En la segunda mitad del siglo I d. de C., en tiempos de la dinastía de los Flavio, aparecen las primeras viviendas en un nuevo y más favorable emplazamiento: la ladera del recoleto cerro de Santa Catalina. Era el germen del Gijón actual (la Gigia de los romanos), implantado en lo que hoy es el barrio de Cimadevilla, un lugar de alto valor geoestratégico. El auge de Gijón durante el siglo II d. de Cristo es un hecho que ha quedado plasmado en las termas o baños públicos, uno de los conjuntos arqueológicos más significativos legados por su civilización a la ciudad. Sus gentes vivían principalmente de la agricultura y la ganadería, al tiempo que se intensificaba la pesca, de lo que da fe el hallazgo de los restos —fechados en los siglos III y IV—, de una factoría de salazones en la plaza del Marqués, junto al palacio de Revillagigedo.
Con la caída del Imperio romano y las posteriores invasiones se produjo un abandono de la civitas gijonesa, ignorándose las causas de su despoblamiento en el transcurso de la Alta Edad Media, periodo en el que escasean las noticias sobre Gijón, que revive para la Historia en el momento en que el soberano Alfonso X le otorga, el 12 de mayo de 1270, la condición de puebla, hecho reflejado en documentos de San Vicente de Oviedo. Sin embargo, esa reaparición histórica se ve ensombrecida por los acontecimientos que siguieron a la muerte del rey Alfonso XI, en la siguiente centuria; Gijón sirve, entonces, de escenario a un enfrentamiento entre partidarios del rey legítimo Pedro I y Enrique de Trastámara. En el s. XIV gobernaba Gijón Rodrigo Alvarez de las Asturias, que abarcaba los condados de Gijón y Noreña. Fue tutor de Enrique II, hijo bastardo de Alfonso XI, al que Gijón apoyó en sus enfrentamientos con su hermanastro Pedro I. Enrique II dio a su hijo, Alfonso Enríquez, los condados de Gijón y Noreña, rebelándose contra su hermano, el rey Juan I, a la muerte de su padre, y haciéndose fuerte en Gijón, en 1383, para acabar derrotado y hecho prisionero. Nuevamente se rebela contra su sobrino, Enrique III, quien reacciona privándole de sus bienes. Alfonso Enríquez huye a Bayona, dejando al mando de la villa a su esposa Isabel, quien en 1395 incendia la ciudad antes de abandonarla. Entonces, el rey toma la determinación de que Gijón se incorpore a la Corona. La repoblación de la villa comienza en 1400. En 1480 los Reyes Católicos dan su autorización para que en Gijón se construya un puerto y se le den los medios para llevarlo a cabo.
A partir de entonces la historia de Gijón aparece vinculada estrechamente al desarrollo de su puerto. En las postrimerías del s. XV se crea el primer muelle de mar, complementado en 1552 con un muelle de tierra. Gijón comienza su actual fisonomía en 1600 al extenderse sobre el arenal y la laguna que ponía cerco a su antiguo asentamiento. El Real Decreto de 1765 y el Reglamento de 1778 fueron dos disposiciones que permitieron al puerto de Gijón el libre comercio con las colonias americanas, lo que llevó a la villa a conocer un moderado crecimiento urbano, cuyo ordenamiento se contempló en el Plan de Mejoras para la ciudad diseñado por Jovellanos y aprobado por el Ayuntamiento en 1782. A fines del XVIII ostenta la capitalidad marítima de la región, y se independiza de la Capitanía de Castilla al comienzo del XIX. Gijón tiene en 1794 el carácter de ciudad industrial y comercial que ya no le abandonaría.

En mayo de 1809 es ocupada por las tropas napoleónicas, para ser definitivamente abandonada por las mismas en enero de 1812. Estas y otras circunstancias, como el caos económico del reinado de Fernando VII, fueron un obstáculo para la mejora de las infraestructuras portuarias y viarias. El remedio a esta situación se empieza a poner a partir de los años treinta del pasado siglo, siendo el primer jalón el estreno de la carretera Gijón-León (1832). El auge de la explotación del carbón en la cuenca central asturiana obliga a realizar obras tan significativas como la apertura de la Carretera Carbonera (1842), el ferrocarril Sama-Gijón en 1856 y, como solución definitiva, la construcción en 1893 del nuevo e importantísimo puerto de El Musel.
Dos factores fueron fundamentales para que, desde finales del XIX, alcanzase la condición de ciudad plenamente industrial: el intenso tráfico de carbón y la entrada de capital procedente de los emigrantes retornados y de inversores extranjeros, trayendo como consecuencia, asimismo, la ampliación de la misma, tras sucesivos ensanches. La apertura de la vía férrea que comunicaba a Asturias con la Meseta por Pajares se produjo en 1884 y contribuyó a su afianzamiento como enclave industrial de primer orden en el último tercio del s. XIX.
Ya en nuestro siglo, Gijón pasó a ser efímera capital de Asturias tras ganar mayoritariamente (64% de los votos) las elecciones de 1936 el Frente Popular. Luego vendría la dictadura franquista y con ella un primer y prolongado periodo autárquico, dominado por el hambre y la represión. Afortunadamente, una vez superado ese negro y eterno túnel, llega el despegue de los sesenta con la creación de la factoría siderúrgica de Uninsa (1971), la ampliación de El Musel y la inauguración de la autopista Y (A-66) en 1976, que venía a mejorar ostensiblemente las comunicaciones con Oviedo y Avilés. Esta época de bonanza tuvo repercusiones urbanísticas y arquitectónicas desafortunadas, como la creación de impersonales, anodinos bloques de viviendas o la indiscriminada actuación de la piqueta incivil sobre edificios históricos.
Hoy, la progresiva modernización de la ciudad y las excelentes condiciones naturales de la misma la han transformado en una grata población turística, con miles de visitantes anuales.
Por decisión municipal, la villa tiene ya escudo desde el s. XVI, representando al infante don Pelayo, armado, con espada en la mano derecha y en la izquierda la cruz en alto que le acompañaba a las batallas.

VICENTE  DÍAZ .- Gijón del alma

HISTORIA DE OVIEDO



Los monjes Máximo y Fromestano, fundaron la ciudad en el año 761, creando una explotación agrícola de carácter monástico. Aquel primer establecimiento se completaría pronto con una pequeña iglesia bajo la advocación de San Vicente.

El rey Fruela, cuarto de la monarquía asturiana, fue el primer impulsor decidido de la ciudad con la construcción de un palacio y una iglesia cercanos entre si. Fruela eligió el lugar como residencia de Munia, su mujer, y en él nació su hijo Alfonso II, conocido como "el Casto" (en la imagen)
.

Tras la muerte del rey Fruela, se suceden 3 cortos reinados, hasta que finalmente en el 791 AlfonsoII sube al trono que ocupará durante 50 años de excelente gobierno.

Alfonso II El Casto translada la corte del reino a Oviedo. Bajo su reinado se descubre el sepulcro del Apóstol Santiago en Compostela de Galicia y crea entonces el Camino de Santiago, fenómeno capital en la historia de la ciudad.

Construye además un templo dedicado a El Salvador , al que donaría la Cruz de los Ángeles, y un palacio real que formaron el núcleo y motor de Oviedo. En esta época la ciudad se convierte en el epicentro del Arte Asturiano.

Al morir Alfonso II sin descendencia, un primo suyo, Ramiro I, es elegido como sucesor. Durante su reinado fueron contruidos los edificios de Santa María del Naranco, cuyas soluciones arquitectónicas no fueron utilizadas hasta casi quinientos años mas tarde, y la iglesia de San Miguel de Lillo, muy cerca del anterior.

El traslado de la corte regia a León, tras la muerte de Alfonso III El Magno, vincula la vida de la ciudad a las reliquias conservadas en su catedral y al paso de peregrinos que visitan El Salvador y que continúan su caminar hasta Santiago.

Los siglos siguientes (XIII-XVI) conocen el desarrollo de la ciudad medieval, conservada en su trazado hasta hoy. La fundación de la Universidad por Fernando de Valdés Salas, a comienzos del siglo XVII, abre Oviedo urbanísticamente hacia una expansión progresiva.

En la actualidad Oviedo es la capital del Principado de Asturias y mantiene una vocación de ciudad de servicios administrativos y universitarios. El comercio se ha convertido en su sector económico fundamental. Oviedo es hoy una ciudad con una notable proyección internacional a través de los Premios Príncipe de Asturias, entregados anualmente en el Teatro Campoamor, y del Campus Internacional, al que acuden personalidades de la mas alta relevancia mundial.

ARTE RUPESTRE EN ASTURIAS

El arte rupestre paleolítico es una forma de expresión gráfica realizada sobre soportes no perecederos, como son las paredes rocosas de cuevas y abrigos. Para su ejecución se emplearon, aisladas o en combinación, las técnicas de la pintura y el grabado. La primera, a base de colorantes obtenidos de óxidos de hierro o carbón vegetal aplicados con la mano, con lápices y pinceles, tampones o mediante soplado. El segundo, mediante la incisión y raspado de la pared de buriles de sílex.
Es un arte de cazadores que representa sobre todo animales, aunque también signos de oculto significado y contadas figuras humanas. Constituye la más depurada plasmación del pensamiento simbólico de nuestros ancestros, los primeros homo sapiens que colonizaron el occidente europeo hace unos 35.000 años.
Este ciclo artístico duró unos 25.000 años y en él se han distinguido varios períodos o "estilos". Se observan asimismo diferencias regionales, que definen distintas áreas dentro de un fenómeno cultural ampliamente extendido por la geografía europea. Hacia 10.000 años antes del presente desaparecerá sin dejar rastro, al compás de los cambios ambientales que conducen al período climático actual y de las transformaciones económicas y sociales que aquellos llevan aparejadas.
En 1985, la UNESCO reconoció a la Cueva de Altamira un valor universal excepcional, considerándola como una de las primeras muestras del genio creador humano y un original testimonio de formas de vida extintas hace milenios. En 2008, el Comité del Patrimonio Mundial hace extensiva esa declaración a otras 17 cuevas decoradas de Asturias, Cantabria y el País Vasco, representativas de distintos aspectos de este primigenio fenómeno cultural, que acompañan a Altamira dando un contexto a su excelente conjunto parietal y ayudando a su mejor comprensión.
Las cinco cuevas asturianas son: cueva de la Peña en Candamo, cueva de Tito Bustillo en Ribadesella, cueva de Llonín en Peñamellera Alta, cueva del Pindal en Rivadedeva y Cueva de Covaciella en Cabrales, esta última no visitable.




Cueva de Tito Bustillo

La Cueva de Tito Bustilló (Asturias) fue descubierta en el año 1968 por un grupo de espeleólogos. El nombre de esta cueva se debe a que poco tiempo después de su descubrimiento uno de estos espeleólogos falleció, y en su honor se le adjudico el nombre de Tito Bustillo.
En 1970 se realizaron las primeras excavaciones en esta cueva a cargo de García Guinea.
Desde 1974 comenzarian las excavaciones dirigidas por Moure Romanillo, al cual se uniria desde 1974 Rodrigo Balbín. En estas excavaciones se recuperó una importante lote de objetos de sílex y hueso, además, de arpones, espátulas y azagayas.
La Cueva de Tito Bustillo esta formada por tres galerías. Nos encontramos con un importante repertorio de pinturas rupestres paleolíticas, entre las que destacan algunos ejemplares como ciervos, caballos, bóvidos, bisontes, renos, escutifomres, etc.
Cronológicamente estas representaciones se sitúan entre el periodo Solutrense y el Magdaleniense.
Desde 2008 esta declarada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.


Cueva de la Peña de Candamo

Descripción
La cavidad se abre en un empinado monte de calizas conocido como La Peña, desde el que se divisa parte de la comarca de Candamo por la que discurre el río Nalón en su curso medio. La Cueva de La Peña de Candamo tiene unos 60 metros de largo y es de muy fácil y cómodo acceso.

En distintos momentos del Paleolítico, entre los 18.000 y los 13.000 años aC, grupos humanos pertenecientes al Paleolítico Superior, facies Solutrense y comienzos del Magdaleniense, se reunieron en la caverna y dibujaron las figuras que hoy podemos contempla con gran deleite.

La cueva fue descubierta en 1914, pero las visitas indiscriminadas y el trato inapropiado hizo que el microclima interior se alterase hasta niveles que peligraron la conservación de las pinturas. En 1980 fue cerrada al público para restablecer los valores ambientales de la cavidad. Se reabrió nuevamente en 1994.

Las representaciones pictóricas están pintadas en negro o rojo, o bien grabadas con trazo simple o múltiple. Se distribuyen en tres sectores:
- La Galería con signos rojos.
- El Muro de los Grabados, el panel más importante donde se realizó una compleja composición de figuras en el que se ven representaciones de ciervos, toros, caballos, bisontes, cabras, antropomorfos, etc.
- El Camarín, que contiene la representación de un toro incompleto, caballos y un posible jabalí.
Las representaciones están pintadas en negro o rojo, o bien grabadas con trazo simple o múltiple.
Singularidad
Declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, en 2008

Cueva del Pindal

La cueva de arte rupestre de El Pindal se encuentra en Pimiango (lugar del concejo o municipio asturiano de Ribadedeva) y al borde del mar. Fue descubierta para la historia del arte parietal en 1908. Es, por tanto, la primera manifestación del hombre prehistórico estudiada en Asturias.
Sus figuras, agrupadas en varios paneles y principalmente esbozadas en trazo rojo, representan bisontes, caballos y ciervos, signos claviformes, de puntos e impresiones antropomorfas. Una de sus figuras más famosas la compone el elefante con la mancha en forma de corazón, en el fondo de la galería.
Las pinturas se complementan con grabados asociados a diversos signos, destacando entre ellos la representación de un pez.
Estas muestras pictóricas pertenecen al Paleolítico Superior, en una imprecisa era posglaciar que se iniciaría hace 18.000 años y concluiría en el periodo Magdaleniense, 6.000 años antes de nuestra era. Sus autores eran cazadores y recolectores,
 especializándose en los últimos siglos en el marisqueo por el litoral marítimo, situado entonces más al norte del que hoy conocemos. Estos habitantes finales darían lugar al concreto periodo Asturiense dentro del citado Magdaleniense, caracterizado por sus útiles específicos para la tarea de la recolección de moluscos y crustáceos, y por la presencia de grandes concheros a la entrada de las cavidades.

La cueva de El Pindal fue declarada Bien de Interés Cultural con fecha 25-4-1924 (Gaceta 7-5-1924) y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 7 de julio de 2008. Este día recibieron el mismo reconocimiento las también asturianas de Tito Bustillo (Ribadesella), Llonín (Peñamellera Alta), Covaciella (Cabrales) y La Peña (Candamo).

sábado, 19 de febrero de 2011

ARTE PRERROMÁNICO

CARACTERISTICAS DEL PRERROMÁNICO ASTURIANO
Para enmarcar el denominado Arte asturiano nos basta con tomar dos referencias, una espacial, la zona de la península ibérica adyacente al mar Cantábrico, libre de la ocupación musulmana, y otra temporal, el fin del siglo VIII, hasta comienzos del X. Pero si queremos precisar algo más podemos incluir determinadas características como son:
  • El deseo de rememorar las glorias del reino visigodo de Toledo, del que se consideraban herederos.
  • La íntima relación con el poder regio (se ha denominado también arte de la monarquía asturiana).
  • Predominio de la arquitectura, fundamentalmente abovedada, sobre las demás artes.
Dentro de la arquitectura destacamos las siguientes notas:
  • El sillarejo, la mampostería y el ladrillo en los muros, reservando los sillares para las esquinas y los elementos de refuerzo.
  • El arco de medio punto, peraltado o no, y la bóveda de cañón, reforzada mediante arcos fajones o totalmente despejada.
  • El muro compuesto (arquerías ciegas en el interior y estribos o contrafuertes en el exterior).
    la decoración interior con pinturas al fresco de temática diversa.
  • Las basas decoradas, los fustes sogueados y los capiteles enriquecidos, todo ello para realzar las columnas.
  • En los edificios religiosos y de manera predominante, la planta basilical de tres naves (separadas por arquerías sobre pilares) y cabecera tripartita, con ábsides de trazado rectangular, siendo el central el más amplio.
  • En la parte superior del ábside central, una cámara abierta al exterior por una ventana sin comunicación interna, y cuya función no se ha podido precisar, aunque podría ser un mero recurso plástico para mantener la armonía de los volúmenes exteriores del templo.


Santa Maria del Naranco

Emplazamiento: Oviedo (Asturias) Principado de Asturias
Monumento Nacional en 1885
Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1985 (Prerrómanico Asturiano)
En las laderas del Monte Naranco (Naurancio) en las cercanias de Oviedo (3 km.)
Fecha de consagración: año 848 (siglo IX)
Estilo: Prerrómanico asturiano (también conocido como "arte asturiano")
Historia
Mandado construir por el rey Ramiro I de Asturias (842-850) en las faldas del Monte Naranco como edificio palatino. Muy cerca también manda construir la Iglesia de San Miguel de Lillo. Ambas construcciones formarían parte de un amplio complejo palatino de este rey, como lugar de descanso y recreo, no como sede permanente de la corte.

Se trataría tal vez entre otras funciones, de un edificio dedicado a Aula Regia o Salón Real donde se celebrarían algunas actividades de gobierno.

La fecha de construcción se conoce con exactitud, ya que en el ara-altar existente en el edificio, hay una inscripción procedente de la Iglesia de Lillo que nos lo indica y que correponde con el 848 de nuestra era (siglo IX).

Este ara procede de la actual y cercana iglesia de San Miguel de Lillo. En su origen esta iglesia se encontraba bajo la advocación de Santa María, pero ya a partir del siglo XII en la crónica Silense encontramos la nueva advocación de la iglesia a San Miguel y el palacio pasa a convertirse en iglesia dedicada a Santa Maria.

Parece ser por tanto que ya poco después de su construcción, el palacio pasa a realizar funciones de iglesia, dedicandose a la advocación de Santa María, de donde le ha quedado el nombre. El primer registro de su condición de iglesia, del que tenemos constancia data del año 1150 (siglo XII).
Caracteristicas

El arte asturiano se manifiesta principalmente en la arquitectura y recoge pocos elementos de tradición visigoda, pero con aportaciones del Bajo Imperio Románo e influencias carolingias, asi como artes aplicadas de tinte oriental bizantino.

Se extiende principalmente durante los siglos IX y X; es un arte que se da basicamente en el reino de Asturias, de ahí su nombre, y destaca también por la ausencia de cualquier influencia musulmana.


Caracteristicas de Santa Maria del Naranco es el uso de la bóveda de cañón, los contrafuertes y la utilización de arcos fajones para la sujección de las bóvedas. Aunque es una edificación en su origen palatino, el factor religioso impregna toda la construcción. Destaca también por el uso de columnas con el fuste sogueado típico del arte asturiano, y la utilización de medallones y fajas como elementos decorativos.

Caracteristica muy particular del arte asturiano, es la llamada camara del tesoro. Se trata de un espacio al que sólo se tiene acceso desde el exterior y que todavía hoy en dia no se sabe que función tenía, y que se manifiesta desde fuera por la existencia de una ventana tripartita cerrada con celosias de piedra.

La imagen del edificio que hoy se nos ofrece, corresponde a la rehabilitación efectuada en los años veinte y treinta del siglo XX por Luis Menéndez y Pidal.

Santa Maria de Naranco es un edificio de planta rectangular de veinte metros de largo, por seis de ancho, que se eleva sobre un alto zócalo, que sirve para compensar las irregularidades del terreno.

Se compone de dos plantas, la superior de doble altura que la inferior conocida como planta noble y la inferior o cripta. Al piso superior se accede por una escalera exterior situada en la fachada lateral norte. En cada una de sus fachadas laterales (norte y sur) se alzan ocho altos contrafuertes estriados (cuatro a cada lado de la puerta), que se elevan desde el zócalo hasta la cornisa, y que le proporciona una sensación de verticalidad admirable.


La planta inferior está dividida en tres estancias:
La central, más amplia, está cubierta con bóveda de medio cañón de piedra toba con refuerzo de cuatro arcos fajones, que parten de un zócalo o banco bajo que recorre todo su perimetro. Está estancia estaría dedicado a oratorio palatino, aunque también se le cita como cripta. Dispone de dos puertas, una a cada lado de la nave y no dispone de ventanas, por lo que la iluminación es la que entra por sus puertas. El conjunto nos recuerda a la cripta de Santa Leocadia, de la Cámara Santa de la Catedral de Oviedo, con la que presenta indudables semejanzas.

Las dos estancias laterales tienen cubierta de madera, una de ellas (la situada al oeste) está aislada de la estancia central, se ilumina por cuatro pequeñas ventanas con arcos de medio punto y sólo tiene acceso a traves de una puerta desde el exterior situada en la fachada oeste. Se desconoce el uso de esta habitación.

La otra estancia lateral, situada en el lado este, se trataría de una sala de baños, pues en ella se conserva una piscina y conducciones de agua. Se situa en un plano inferior al resto de la planta (está por debajo del nivel del suelo). El acceso a este recinto se realiza a traves de una puerta desde el interior por una escalera de tres peldaños o por una pequeña puerta de arco de medio punto situada en la fachada lateral norte. Ademas dispone la sala de varias ventanas, tres de ellas situadas en la fachada este y muy caracteristicas por encontrarse debajo del mirador este.
A la planta superior o noble se accede a traves de una escalera exterior de doble derrame situada en el lado norte del edificio. La escalera desemboca en un pequeño portico con tres de sus lados abiertos al exterior y el cuarto por el que se penetra al interior del edificio. Se cubre por tejado de una sóla vertiente y disponde de dos altos contrafuertes.

En el lado contrario o fachada sur, existen los restos de una estructura similar, que bien pudiera haber sido un mirador, balcón o belvedere.


La planta superior sigue la misma estructura que la planta inferior:

La estancia central y principal llamada planta noble, Salón Real o Aula Regia, es una gran sala rectangular, el doble de alta que su homologa de la planta inferior.

La planta noble cubierta con bóveda de medio canón, es de piedra toba volcánica, dispone de dos amplios miradores situados en las fachadas este y oeste. La bóveda se sustenta en siete arcos fajones o perpiaños que a su vez apean en mensulas que descansan en una linea de imposta que recorre toda la base de la bóveda. Por debajo de esta linea un conjunto de arquerías ciegas de arcos de medio punto ligeramente peraltados y de dimensiones ligeramente decreciente hacia los extremos recorren el perimetro de la sala. Sus arcos apoyan en columnas de fuste sogueado y capiteles troncopiramidales. Las enjutas van decoradas con medallones y bandas rectangulares. La sala dispone de hasta un total de siete arcos ciegos en cada uno de sus lados mayores.
Esta arquería ciega es soportada por pares de columnas geminadas con fustes sogueados y capiteles troncopiramidales invertidos, con la misma decoración cordal en las aristas y temas de animales muy esquematizados en las caras frontales. Estas a su vez se levantan sobre una pequeña basa prismática y sobre un pequeño zócalo que recorre el muro.

El sistema responde a la tradición constructiva romana y muestra la pervivencia de soluciones arquitectónicas del mundo tardoantiguo a través de la época goda. El edificio, por sus caracteristicas, podría ser considerado a su vez como protorománico.

Entre las ménsulas y las enjutas de las arquerías ciegas, se disponen unos rectángulos enmarcados por sogueado y con figuras humanas en traje talar y cayado, o bien jinetes. Bajo estos rectangulos se situan los medallones, como elementos decorativos.







Iglesia de San Miguel de Lillo

Fecha: Siglo IX
La iglesia del conjunto ramirense del Naranco, dedicada a San Miguel, ha perdido toda la zona de la cabecera, por lo que no se puede analizar su estructura original hasta que sean dados a conocer los resultados de las últimas excavaciones que allí se realizan. En la parte de los pies, está clara la existencia de una tribuna sobre la puerta principal, con escaleras laterales de acceso, que sería el lugar reservado para el monarca; la nave principal era estrecha y muy alta, con bóveda de cañón entre arcos fajones, como la de Santa María, que pudo desplomarse por la poca superficie de los soportes y la mala cimentación; las columnas de las naves llevan gruesos capiteles piramidales.
Las naves laterales de San Miguel de Lillo son altas y perpendiculares a la central; en el testero sur hay una gran ventana, con celosía calada sobre arquillos, que parece desarrollar la misma función que la del crucero de San Julián de los Prados, reforzando la iluminación de la tribuna real. El contrarresto de los muros interiores se acusa mediante contrafuertes con acanaladuras verticales, que tendrían originalmente mayor altura. Parece que el edificio se arruinó pronto por causas naturales, y desde entonces ha sufrido excesivas intervenciones y restauraciones, que invitan a dedicarle un estudio muy pormenorizado, ya que en él se reúnen los componentes más avanzados y complejos del sistema arquitectónico ramirense, y también su decoración más peculiar. De esta última, se concentran en la parte conservada de la tribuna y primer tramo de naves, de un lado, dos pinturas murales, una con un tañedor de laúd, peinado y vestido como un fraile y otra con un personaje sentado, escoltado por otro más pequeño, ante un fondo de arbustos; son las únicas figuras humanas de la pintura asturiana y pueden tener cierto valor simbólico o ser meramente ornamentales. De otra parte están los roleos vegetales que bordean los arcos menores, sogueados en impostas, capiteles cúbicos con lengüetas, fustes acanalados y curiosas basas prismáticas con toscas representaciones de los evangelistas; la colocación simbólica de los evangelistas en los soportes de las columnas ya se empleaba en época visigoda, como demuestra San Pedro de la Nave, pero en Lillo se combinan las imágenes de los personajes sentados ante pupitres con las figuraciones simbólicas del león, el toro, el ángel y el águila, en actitudes similares a las de las miniaturas carolingias, en las que se supone tienen su origen.
Finalmente, las jambas de la puerta principal están labradas con tres escenas figuradas, que se repiten a cada lado y que parecen extraídas de las ornamentaciones de los dípticos consulares, concretamente de un
o como el del cónsul Areobindus, del año 506; uno de los cuadrados contiene una figura humana sentada a la que flanquean dos acompañantes de pie, y otro refleja una escena de juegos de anfiteatro, con un león y su domador, entre los que salta un acróbata. El recurso a esta temática podría considerarse una copia ingenua de un asunto irrelevante, si no tuviéramos el testimonio de escenas similares en iglesias palatinas bizantinas; parece que esta imitación de las dignidades imperiales y sus festejos se colocó en Lillo conscientemente para destacar el carácter regio del edificio y la relevancia de esta portada sobre la que se encontraba la tribuna real.






SANTA  CRISTINA  DE  LENA


La iglesia de Santa Cristina de Lena está entre las poblaciones de Pola de Lena (capital municipal) y Vega del Rey, en un alto sobre la ctra. N-630 (Gijón-León). Antes de llegar a Vega de Rey por dicha carretera, hay que coger un desvío a la izquierda en el que hay un indicador que indica la presencia de dicho monumento.

Historia

Es, sin duda, el monumento más importante que existe en el concejo o municipio de Lena y se inscribe dentro del prerrománico asturiano. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en diciembre de 1985.
No se conocen referencias documentales ni epigráficas que permitan su datación.
Se menciona por primera vez en el siglo XVII como Santa Cristina, aunque desconocemos cuál pudo ser dedicación inicial puesto que es muy escasa la advocación a esta santa en el santoral asturiano de la época de su construcción.
Estilística y topográficamente parece derivar de la arquitectura ramirense por su parecido con las construcciones del Naranco (Santa María y San Miguel de Lillo), en Oviedo. Es razonable, por tanto, poner la fecha de construcción en torno a la segunda mitad del siglo IX.

Interior

Es un edificio de nave única y no tiene paralelos en la arquitectura altomedieval hispánica.
Las cubiertas son de bóveda de cañón, apoyadas en impostas corridas que se refuerzan con arcos fajones, posados en ménsulas prismáticas; éstos, al igual que los arcos que componen la articulación interior de arquerías ciegas, son arcos adovelados de una sola rosca.
Su distribución interior es vestíbulo bajo tribuna a la que se sube por una escalera desde la nave y presbiterio y dos habitaciones.
El culmen decorativo se centra en el iconostasio: elemento único en la arquitectura asturiana, formado por tres arquerías dobles en las que hay cinco celosías y están sustentadas por columnas de cronología visigótica; en las dos centrales se coloca el cancel.

Exterior

La ermita se levanta coqueta sobre un montículo que domina el valle del río Lena, en la parroquia de Felgueras.
Destaca la integración del edificio con el paisaje. Es un edificio prismático al que se le añaden cuatro cuerpos también prismáticos, de proporciones equilibradas.
Llama la atención en su composición exterior la articulación rítmica de los distintos volúmenes.
Está construida sobre un zócalo de mampostería con lajas, sillarejo con mortero bastardo y reforzada por 32 contrafuertes.
Se conservan dos ventanas originales: una en la fachada N y otra en la fachada E, siendo el resto de los vanos añadidos de remodelaciones posteriores.
Tiene una única puerta de acceso, a través del pórtico occidental abierto y conformado a modo de zaguán abovedado.


SAN  JULIÁN  DE LOS  PRADOS   ( SANTULLANO )

Aunque inicialmente fuera edificado a extramuros de Oviedo, hoy día podemos contemplar este templo perfectamente integrado en el casco urbano de la capital del Principado. Si bien ha conseguido mantenerse en pie a lo largo de los siglos, su conservación corre actualmente un constante peligro. La excesiva proximidad de la autopista "Y", construida hace algunos años y que enlaza los tres núcleos de población más importantes de la zona central asturiana (Oviedo, Gijón y Avilés), acarrea toda una serie de problemas de contaminación y estabilidad derivados del denso tráfico rodado que hace uso de ella.

Esquema en planta de San Julián de los PradosEsquema en planta de San Julián de los Prados
  1. Nártex o vestíbulo
  2. Nave principal
  3. Naves laterales
  4. Transepto o crucero
  5. Dependencias laterales
  6. Abside central
  7. Absides laterales

La iglesia de San Julián de los Prados, popularmente conocida como Santullano, formaba parte de una villa palatina suburbana de la que ya no quedan restos. Se construye entre los años 826 y 838. Estaba dedicada a los Santos Julián y Basilisa de Antioquía que en Toledo recibían un culto importante.
Su aspecto actual es fruto de una restauración llevada a cabo entre 1912 y 1915 por Fortunato de Selgas. En ella se derribaron toda una serie de añadidos que desvirtuaban el conjunto, son sustituídas las bóvedas por cubiertas de madera y se reponen todas las celosías menos la del ábside norte que todavía se conservaba. Al levantar el encalado que recubría los muros, encontró el conjunto de pinturas más importante del arte asturiano.


El templo se articula en torno a una planta basilical de tres naves, la central más alta y ancha que las laterales. Están separadas por arquerías de tres tramos sobre gruesos pilares. Los espacios que encontramos de oeste a este son los siguientes: vestíbulo, cuerpo de naves, crucero (con dependencias laterales) y cabecera. En cuanto a dimensiones, sus 40 metros de largo por 26 de ancho la convierten en la mayor construcción cristiana peninsular hasta el siglo XI. A excepción de los tres ábsides, para los que se usa la bóveda de cañón, el templo está cubierto con carpintería de madera tradicional. Para el suelo se utiliza el opus signinum.
Los muros se construyen mediante hiladas de lajas de piedra que oscilan entre los 3 y 20 centímetros de espesor y menos de 50 centímetros de longitud. Para las esquinas se reservan los sillares colocados a soga y tizón. Los contrafuertes que refuerzan y articulan el paramento perimetral están muy poco desarrollados en altura (alcanzan tan sólo la mitad de éste).
El nártex se presenta como un volumen saliente alineado con la nave central y adopta una planta cuadrangular.
Lo más relevante del cuerpo de naves es la presencia de un claristorio en la nave central con tres ventanas a cada lado recubiertas con celosías. Las laterales carecen de iluminación directa. La jerarquización de espacios queda claramente establecida mediante un fuerte contraste entre una nave principal muy amplia y bien iluminada y unas laterales estrechas, bajas y en penumbra.


Vista interior de la nave central hacia la cabecera
Vista interior de la nave central hacia la cabecera
Vista interior de los ábsides desde el transepto
Vista interior de los ábsides desde el transepto

El transepto, junto con las pinturas que recubren el interior, es el elementos más característico del edificio. No sobresale en planta pero sí queda marcado en altura. De hecho, es el cuerpo que mayor elevación alcanza (dos metros por encima de la nave central). Su ancho además es similar al de ésta. Un gran arco triunfal clásico de tres vanos lo comunica con el cuerpo de naves. Su interpretación es altamente simbólica. Representa la puerta entre el mundo terrenal y el celestial que todos los fieles deseaban franquear para acceder al mundo de los cielos y alcanzar la vida eterna. En la pared norte se han encontrado indicios que apuntan hacia la existencia de una tribuna de madera (hoy día no conservada) que sería utilizada por el rey para asistir a los oficios.



Cabecera al exterior
Cabecera al exterior

Vista de la cabecera desde el norte
Vista de la cabecera desde el norte


La cabecera adopta una disposición típica en el arte asturiano: triple ábside rematado en testero recto. Se abren al transepto mediante arcos de medio punto realizados en ladrillo (como todos los del templo). El espacio de la capilla central se enriquece con la presencia de unas arquerías ciegas de medio punto sobre columnas de fustes monolíticos y capiteles florales. En las laterales se repite este mismo esquema pero en pintura. Cada ábside recibe luz del exterior por una ventana cuadrangular que se cubre con celosía. Con el fin de equilibrar los volúmenes, sobre el ábside central se coloca una cámara supraabsidial a la que se le practica una ventana de triple arco sobre columnillas de fustes monolíticos, basas áticas y capiteles florales.


Fachada oeste
Fachada oeste

lunes, 14 de febrero de 2011

DANZAS ASTURIANAS


La Danza Prima

La Danza Prima se extiende casi por toda Asturias, conociéndose  numerosas variantes en cuanto a la melodía se refiere. Es una danza colectiva, circular y coral.Es colectiva (participa todo aquel que lo desee), circular (los participantes, unidos por las manos, forman un corro que se ensancha o se estrecha a la vez que rota en sentido contrario a las agujas del reloj. Puede ser cerrada o abierta) y coral (sin instrumentos, un danzante lleva la voz principal y el resto hace el coro).En muchos lugares se conoce con el nombre del patrón de la fiesta (danza de San Juan, de San Antonio…)La Danza Prima se realiza en torno al elemento central de la fiesta: la hoguera, el árbol,…O en sus proximidades: plaza de la iglesia o del ayuntamiento.Desarrollo: asidos de la mano, de un dedo o del brazo, se evoluciona lentamente hacia delante y hacia atrás, al tiempo que se sigue una trayectoria imaginaria contraria a las agujas del reloj: se da un paso adelante con el pie izquierdo y luego otro con el derecho, volviendo hacia atrás de igual modo y caminando siempre hacia la derecha. Pasos de la danza primaEste es el modo corriente de hacerlo, pero también se encuentran danzas en que el primer paso se hace con el derecho, en lugar del izquierdo, o bien se realizan tres pasos hacia delante u otros tres hacia atrás en lugar de dos. Los brazos llevan el ritmo, elevándolos al avanzar y bajándolos cuando se retrocede.En muchos colegios de Asturias se suele bailar el día del magüestu. En Gijón se danza todos los años alrededor de la hoguera en la noche de San Juan y  para terminar las fiestas el día 15 de agosto, fecha en la que se celebra Nuestra Señora de Begoña.La costumbre de danzar el día de Begoña a las dos de la tarde es relativamente reciente, pero ha tenido una gran acogida, formándose a lo largo del paseo marítimo y en la arena de la playa largas cadenas de danzantes mientras la música suena por la megafonía. En esta última ocasión se hace con esta letra de la DANZA PRIMA:

¡AY!, UN GALÁN DE ESTA VILLA.

¡Ay! un galán de esta villa,
¡ay!, un galán de esta casa,
¡ay!, de lejos que venía,
¡ay!, de lejos que llegaba.
¡Ay!, diga lo que él quería.
¡Ay!, diga lo que él buscaba.
¡Ay!, busco a la blanca niña,
¡ay!, busco a la niña blanca,
que tiene voz delgadina,
que tiene la voz de plata;
cabello de oro tejía,
cabello de oro trenzaba.
Otra no hay en esta villa,
otra no hay en esta casa,
si no era una mi prima,
si no una prima hermana;
¡ay!, de marido pedida,
¡ay!, de marido velada.
¡Ay!, diga a la blanca niña,
¡ay!, diga a la niña blanca,
¡ay!, que su amigo la espera,
¡ay!, que su amigo la aguarda
al pie de una fuente fría,
al pie de una fuente clara,
que por el oro corría,
que por el oro manaba,
a orillas del mar que suena,
a orillas del mar que brama.
Ya viene la blanca niña,
ya viene la niña blanca,
al pie de la fuente fría
que por el oro manaba;
la tan fresca mañanica,
mañanica la tan clara;
¡ay! venga la luz del día,
¡ay! venga la luz del alba.














Baile de «el Pericote»

Desde hace más de un siglo, están presentes con toda naturalidad en el calendario festivo de cada pueblo del concejo el baile de «el Pericote», que goza de universal fama, el orgulloso lucimiento de los trajes de porruanu y de aldeana y los cánticos y giraldillas transmitidos de padres a hijos y guardados como oro en paño.
La mayor parte de las variantes que se ejecutan actualmente no son femeninas, sino que dos mujeres bailan frente a un hombre. Todos avanzan y retroceden formando círculos o formando ochos. Ellas mueven los brazos acompasadamente, de la cintura a la cabeza, acompañándose de castañuelas. El realiza un paso característico del Pericote: el "triscu", consistente en saltar y colocar un brazo doblado en escuadra, los dedos de la mano sobre el hombro contrario. El acompañamiento puede ser con tambor, panderetas y cantando romances, o bien con gaita y tambor.
El pericote de Llanes conservó en el pueblo de Cué una versión en la que tres mozas vestidas de un modo muy peculiar interpretaban el baile la víspera de San Antonio de Padua, cuando se plantaba la "joguera" o cucaña.
El nombre de pericote viene de "perico", nombre dado a las mujeres danzantes de este baile por su atuendo (saya roja corta, sombrero de copa a la cabeza y en mangas de camisa).
Se ponen el atavío no sólo los lugareños, sino también los turistas más identificados con lo llanisco, lo que ha derivado en una proliferación sin precedentes de talleres artesanos para la confección de la indumentaria tradic




 

 



EL  XIRINGÜELU

Danza popular cuyo nombre procede de la voz bable xiringar, que significa agitar, mover violentamente. Se practica en gran parte de la zona costera asturiana. Se baila tanto en parejas sueltas como en grandes grupos. El movimiento de pies tiene innumerables pasos, que por su rápido ritmo hacen que el baile muestre su agilidad. La gait ay el tambor se utilizan como acompañamiento musical y las canciones están compuestas en cuartetas y redondillas. Baila un solo hombre con una sola mujer, frente a frente, cruzándose dos veces de modo característico, dando una vuelta. Surgión en el siglo XVII, hallándose hoy día en romerías y fiestas. En el conejo de Cudillero se le llama "descanso", porque la primera parte es moderada, en tanto que la segunda, más movida, se denomina "sotripao". También se le conoce con el nombre de "fandango". Existe el siguiente soneto que hace referencia al xiringüelu:
 
Del tambor y la gaita al contrapuntu, co los brazos en altu'spatuxando,
Les moces y los mozos tan bailando sin perder el compás puntu per puntu.
 
En dos fileres pa'el mismu asuntu les parexes se siguen allargando,
Y a les que cansen tan ya rinovando otres, en menos tiempo que lo cuntu.
 
Si la gaita redobla les tonaes, texen les piernes tan aceleraes
Que non se ve nin rastru de calcaños.


 Letra "El Xiringüelu "   
   

 Sal a bailar buena moza, menéate resalada
que la sal del mundu tienes y nun la menees nada (bis)
 Baila xiringüelu, xiringüelu, xiringüelu,
baila xiringüelu, xiringüelu y nada más. 


 ¡Ai colín, ai colán!Baila xiringüelu, xiringüelu y nada más. (bis) (Estribillo)
Salen de la taberna, salen diciendo,olé morena, olé salada;
que nun-yos gusta'l vino, salen diciendo, olé morena, olé salada.
 Baila xiringüelu, xiringüelu, xiringüelu,
baila xiringüelu, xiringüelu y nada más.